Masticar chicle es un hábito cotidiano para muchas personas. Se asocia con refrescar el aliento, aliviar el estrés o simplemente pasar el tiempo. Sin embargo, desde el punto de vista odontológico, surge una duda frecuente: ¿masticar chicle es bueno o malo para la salud bucodental?
La respuesta no es absoluta. Como ocurre con muchos hábitos, sus efectos dependen del tipo de chicle, la frecuencia y la situación clínica de cada persona. A continuación, analizamos qué dice la evidencia científica y cuándo puede ser beneficioso o perjudicial.
Los beneficios de masticar chicle sin azúcar
La investigación científica coincide en que los chicles sin azúcar, especialmente aquellos con xilitol, pueden tener efectos positivos en la salud oral cuando se utilizan de forma moderada.
Masticar chicle estimula la producción de saliva, lo que ayuda a neutralizar los ácidos producidos por las bacterias tras las comidas. Esta mayor salivación contribuye a proteger el esmalte dental y a reducir el riesgo de caries, especialmente en personas con tendencia a la sequedad bucal.
Desde el enfoque de la odontología conservadora, este estímulo salival puede ser un apoyo complementario, aunque nunca sustituye al cepillado ni a la higiene interdental.
Chicle y prevención de caries: ¿qué dice la evidencia?
Diversos estudios han demostrado que el uso regular de chicles sin azúcar después de las comidas puede reducir la incidencia de caries. El xilitol, en particular, dificulta el crecimiento de bacterias cariogénicas como Streptococcus mutans.
No obstante, es importante subrayar que el chicle no limpia los dientes ni elimina la placa bacteriana. Su función es auxiliar y preventiva, no terapéutica.
Los riesgos de masticar chicle en exceso
Cuando el hábito es excesivo o prolongado, pueden aparecer efectos negativos. La masticación continua supone una sobrecarga para los músculos mandibulares y la articulación temporomandibular.
En personas predispuestas, este sobreesfuerzo puede favorecer la aparición o el empeoramiento de problemas de ATM y bruxismo, provocando dolor mandibular, cefaleas o sensación de cansancio muscular.
Chicle, desgaste dental y sensibilidad
Aunque el chicle sin azúcar no contiene sustancias abrasivas, la masticación constante puede agravar el desgaste dental en personas con esmalte debilitado o con hábitos como el bruxismo.
Además, algunos chicles ácidos o con aromas intensos pueden aumentar la sensibilidad dental si se consumen con mucha frecuencia, especialmente cuando el esmalte ya está comprometido.
Chicles con azúcar: un hábito claramente negativo
Los chicles que contienen azúcar representan un riesgo evidente para la salud dental. Al mantener azúcar en la boca durante largos periodos, se favorece la producción continua de ácidos, aumentando el riesgo de caries.
Desde el punto de vista preventivo, estos chicles no se recomiendan en ningún caso, independientemente de la edad o del estado de la dentición.
Impacto estético del hábito de masticar chicle
El consumo habitual de chicle no afecta directamente al color de los dientes, pero sí puede influir de forma indirecta. Algunas personas desarrollan tensiones musculares o hábitos asociados que afectan a la mordida y a la armonía facial.
En tratamientos de estética dental, este tipo de hábitos se valora para asegurar resultados estables y duraderos.
¿Quién debería evitar masticar chicle?
Masticar chicle no es recomendable en personas con:
- Dolor mandibular recurrente
- Diagnóstico de bruxismo
- Trastornos de la articulación temporomandibular
- Desgaste dental avanzado
En estos casos, el hábito puede agravar los síntomas y acelerar el deterioro funcional.
Entonces, ¿es bueno o malo masticar chicle?
La evidencia indica que masticar chicle sin azúcar, de forma ocasional y controlada, puede aportar beneficios preventivos, especialmente tras las comidas. Sin embargo, su uso excesivo o en personas con problemas mandibulares puede resultar perjudicial.
Como ocurre con muchos hábitos, la clave está en la moderación y en la personalización según cada caso clínico.
Conclusión
Masticar chicle no es ni totalmente bueno ni totalmente malo. Puede ser un aliado puntual para estimular la saliva y proteger el esmalte, pero también un factor de riesgo si se convierte en un hábito constante o se realiza sin tener en cuenta la salud mandibular.
Si tienes dudas sobre si este hábito es adecuado para ti o notas molestias al masticar, lo más recomendable es realizar una valoración profesional. Puedes solicitar una consulta personalizada para evaluar tu caso y recibir recomendaciones adaptadas a tu salud bucodental.
